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Cris A.

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[May. 15th, 2011|11:03 pm]
Cris A.
Ya hace siete años que Gonzalo y yo somos amigos.
Acabo de contarlo con los dedos.

Hoy Gonzalo me ha invitado a comer a su casa y yo, como soy una buena invitada, le he hecho un bizcocho de chocolate. Lo he transportado en el tren con primoroso cuidado. Aunque el vagón iba casi vacío, una chica ha intentado sentarse encima. Me he abrazado al molde con fuerza unos segundos y olía algo a limón. Al llegar a Atocha he sido capaz de escoger todas las salidas adecuadas. Nada más incorporarme a los transeúntes que poblaban la calle ha empezado a llover, pero he caminado sin prisa porque iba escuchando canciones de Lloyd Cole y me ha parecido apropiado comportarme así ante sus melodías. Algunos desconocidos me han saludado. "Oh Genevieve" es una canción bonita.

Al llegar al portal de Gonzalo me he quedado quieta un buen rato en el lado equivocado de la puerta mirando los botones del telefonillo, pero he sido incapaz de recordar cuál de ellos debía pulsar. Así que le he llamado por teléfono:
- Gonzalo, estoy en tu portal.
- Pero si está lloviendo.
- No me acuerdo de tu piso.
- xx C.
Pienso en que al menos debería haberme sabido la letra. Maldita sea, es mi inicial. Prometo mentalmente no volver a olvidarme, pero a él le digo:
- ¿Llamo?
Se ríe:
- Claro, formalicemos tu emplazamiento.
Y empujo la puerta mientras hace ese ruido estridente y le explico, aún por teléfono, que ahora voy a colgar irremediablemente.

Hablamos mientras cocina y también mientras comemos. Me enseña su disco favorito de M. Ward en Spotify. Yo le enseño videoclips de She and Him en Youtube. En el patio interno de la casa se escucha una discusión familiar que rebota en la habitación en la que estamos y no sabemos si se trata de melodrama adolescente o de violencia doméstica. A mí me encanta la comida, pero él piensa que no es verdad porque mastico despacio. El año pasado, cuando la rapidez de todo devoraba mi identidad y todo el tiempo tenía ganas de llorar, Gonzalo me recibía en su casa a media tarde y veíamos pelis y bebíamos té Lord Nelson:



Planeábamos cosas y aún las planeamos y espero que seamos capaces de sacarlas adelante.

Después de comer, decidimos tocar un rato y él coge su mandolina y me deja su guitarra. Yo sólo sé hacer acordes, así que me ciño a la parte rítmica, pero él improvisa y suena bien. Le cuento que estoy ahorrando para comprarme un ukelele. Entonces, su compañero de piso asoma la cabeza por el hueco de la puerta, explica que se marcha y me regala un sombrero al que bautizo "Mi Sombrero De Los Ensayos".

A las siete salimos corriendo en dirección a la filmoteca porque hay ciclo de David Cronenberg. Vemos "Promesas del Este" y "Spider". No recordaba que "Promesas de Este" me hubiera gustado tanto la primera vez que la vi, creo que porque me confundí de sala en el cine y me perdí el principio. Antes de entrar en la segunda sesión, Gonzalo se encuentra con unas compañeras de Universidad y concluye que la conversación ha sido muy extraña y que parecía que le tenían miedo. Se queda pensando en ello bastante preocupado mientras una chica a la que no conocemos nos pregunta que qué tal está "Spider". Yo le digo que bien, pero que no me busque en la sala si en la mitad de la película decide que no satisface su expectativas. Sus amigos se ríen fuertemente de forma antinatural, así que me asusto un poco.

Cuando se acaba el cine vamos al metro, donde esperamos en andenes opuestos. Nos sentamos uno enfrente del otro y a mí me entra la risa pero Gonzalo permanece serio. De vez en cuando hablamos a través de las vías y unas señoras que aguardan en el mismo andén que yo nos escuchan interesadas. Entonces, dos metros se precipitan en la estación con simetría exquisita y levantamos las manos en señal de adiós.

Al llegar a Plaza de Castilla simulo que soy la actriz de una película de suspense en blanco y negro porque los recovecos de los pasillos se prestan a ello.
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