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Ya he vuelto de Génova. Dani está de Erasmus… - downloading porn with davo [entries|archive|friends|userinfo]
Cris A.

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[Apr. 25th, 2011|12:27 am]
Cris A.
[Mood |awakeawake]

Ya he vuelto de Génova. Dani está de Erasmus allí.
Han sido cuatro días estupendos.

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Jueves - Me encuentro con Eva en Barajas, enfrente del mostrador de nuestra compañía de vuelo. Es tan temprano que es de noche y el único medio de transporte público que circula por las calles es el taxi. Arrastramos nuestro equipaje de mano dispuestas a embarcar mientras me pregunta que si me he acordado de cambiar los Euros a Liras. Yo le pregunto que si ha retrasado ya el reloj porque Italia está en otro cuadrante y tiene veinte minutos de diferencia con España. Para cuando aterrizamos en Milan he conseguido que se lo crea. Las instrucciones del mail de Dani nos llevan al autobús y después al tren. Eva se duerme y yo miro por la ventana. El paisaje es increíble. Hay campos tostados y me desbordo en el horizonte. Y un tramo de la vía del tren pasa entre dos montañas altísimas y veo nieve y agua y vegetación muy verde. Estoy tranquila por primera vez en meses, y contenta. Dani nos espera en el andén de la estación y al verle empiezo a correr en su dirección. Caminamos hasta su casa aunciando nuestra llegada con el ruido infernal de la fricción de las ruedas de las maletas contra los adoquines de piedra. Nos va enseñando la ciudad y señala la calle de las prostitutas por la que inevitablemente hay que pasar para llegar a su portal. Nos habla de los drogadictos en los contenedores de basura. Es mediodía y hace sol. La casa de Dani tiene un ventanal grande que lo ilumina todo y una de las mejores vistas que he tenido la ocasión de contemplar. Además, uno de sus vecinos tiene un paraguas negro y blanco colgado del pomo exterior de la puerta y parece Mary Poppins. Por la noche Dani cocina y no puedo parar de comer.

Viernes - Vamos al cementerio. Nos parece apropiado porque es Viernes Santo y las estatuas de las sepulturas son sobrecogedoras. Se llama "Está lleno", cosa que a todos nos hace gracia al principio, pero es tan grande que después de una hora empezamos a sentirnos mal. Lloro un poco delante de la tumba de una niñita de tres años cuyos padres han grabado en la piedra "Mamá y Papá" como mensaje de despedida, aunque disimulo y no me ve nadie. Después nos perdemos y acabamos en la zona de la chimenea del crematorio, por la que sale humo, así que intentamos respirar lo menos posible. Por la tarde vamos a la playa y toco el agua con las manos y como helado. Sergio dice "Una donna de Fellini" y señala a una señora de vestido y pamela negros que toma el sol sentada de perfil en una silla mientras su bolso de Versace ocupa el otro asiento que hay dispuesto a su lado con esa única finalidad. Seguimos caminando por la ciudad y nos tumbamos en el césped y hacemos fotos. A las seis nos comportamos como auténticos lugareños y hacemos el "aperitivo", que consiste en pedir una bebida y optar a un buffet libre para acompañarla. Eva y yo pedimos vino blanco. La gente corre y se pelea cada vez que se renueva el contenido del buffet. Es lamentable y, por lo tanto, muy divertido.

Sábado - Cogemos el tren a Liguria y después a San Remo. Sergio está enfermo y opta por quedarse en casa. Llueve, pero Liguria tiene muchos túneles e inexplicables referencias a Lewis Carroll. Comemos en una pizzería con horno de leña mientras Dani nos explica un programa de la televisión nacional y hace gracias sobre halcones. San Remo es bastante feo y en el casino no se permite la entrada con armas, así que le damos la espalda a la línea roja que tacha la silueta de una 45 y salimos de allí decepcionados. Por la noche volvemos a casa y Sergio está mejor y quiere ver una película de terror. En teoría ha preparado la de "Halloween", pero en su interior está "Henry, retrato de un asesino". Eva se duerme, Dani se aburre y Sergio y yo nos reímos durante toda la película. Luego nos distribuimos por nuestras respectivas camas y tengo la sensación de que la mañana siguiente llega enseguida.

Domingo - Nuestro vuelo sale por la tarde, así que madrugamos. Dani nos acompaña a Milan. Allí nos enseña a sacarle los fallos arquitectónicos a la catedral. Luego recorremos la ciudad andando y señalándolo todo. Las tiendas están cerradas, pero aún así hay mucha gente. Un tipo hace maullar a un violín desde la esquina sombría de una de las calles principales y un niño pequeño se echa a llorar. Me identifico completamente con el desconsuelo de ese niño. Entonces les explico a Dani y a Eva que hay un violinista de verdad en Nuevos Ministerios al que adoro y argumento que debería ser obligatorio ir a escucharle alguna vez. Eva dice que va a forzar su recorrido alguna mañana para comprobarlo. Después comemos a la sombra de un árbol en los jardines del castillo de la familia Sforza con las gafas de sol puestas. Me da pena despedirme de Dani. Es mi amigo desde el cole.

El viaje de vuelta, bien. Estoy algo vacía, pero evito pensar mucho en ello.

En vez de eso me concentro en el hecho de que mis amigos me encantan hasta que me quedo dormida.
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